miércoles, 8 de enero de 2014


Viaje de ida y vuelta


Cada libro es un viaje La persona que lee tiene  libertad para construir una nueva realidad; no hay imágenes que den forma a los rostros ni colores a los paisajes; tampoco hay sonidos para que oiga los gritos o los llantos; el lector puede imaginar, creer y sentir lo que quiera.

Sin embargo, es algo más que la salida de emergencia de la realidad: es la representación de la misma. Cada autor da forma los sentimientos humanos con las palabras. La historia no surge de la nada; nace de la experiencia. El escritor plasma los dilemas a los que nos enfrentamos a lo largo de la vida y ofrece consejos que ayudan al lector a afrontar la realidad. El viajero lee todos los párrafos: desde los defectos del héroe hasta los remordimientos del villano. Su percepción salta del hombre a la mujer, del joven al viejo o del príncipe al rey de una línea a otra.

Es una paradoja. En la huida a un mundo imaginario nos topamos con un reflejo del mundo real. Buscamos historias alternativas a la que escribimos cada día porque la nuestra no nos parece lo suficientemente buena. No obstante, ni la elección del libro ni la etiqueta que colgamos de entretenido o aburrido está hecha al azar. Cuanto más nos vemos identificados con los personajes y más nos recuerdan las situaciones que viven a las nuestra más nos gustará el libro.





Queremos saber cómo actuar, sentirnos comprendidos y vernos reflejados en cada personaje y en cada situación. Incluso de la novela más fantástica extraemos  un contenido que es aplicable a nuestra realidad. No hay necesidad de coherencia, solo hace falta que haya humanidad. Los libros son nuestra guía para vivir en el mundo real.
Raquel Martínez
Irene Pardo
Montse Rodrigo

2 comentarios:

  1. ¡Suerte para esta "pluma voladora"! Ojalá consigáis embarcar a muchos viajeros...

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  2. “Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma”.

    Mucha suerte con la página, y la pluma no agote su tinta ^^.

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